El Mensaje Guadalupano compromete y cuestiona

Por: Jaime Septién

24 / Feb / 2012

Juan DiegoEntrevista al director de cine Antonio Peláez
Fuente: zenit.org

El pasado 25 de noviembre se llevó a cabo la función de gala del documental 1531, la historia que aún no termina, a beneficio del Santuario de los Mártires de Cristo, situado en esta ciudad del occidente mexicano.

El documental, que fue realizado por la empresa Mediaquest, cuenta con la dirección y la producción de Antonio y Laura Peláez y presenta los hechos ocurridos en Nueva España tras la conquista de 1521 y las apariciones de la Virgen de Guadalupe diez años más tarde, en 1531.

Tras la función de gala, se llevó a cabo el lanzamiento del DVD en todo el mundo, buscando esparcir el mensaje guadalupano de amor, esperanza y conversión que la Santísima Virgen de Guadalupe, patrona de América, dejó plasmado tanto en la tilma de san Juan Diego como en sus palabras al indígena de origen náhuatl, que fueron recogidas en la narración de este acontecimiento que es el Nican Mopohua.

ZENIT-El Observador ha entrevistado al director del documental, el experimentado director cinematográfico Antonio Peláez, quien ha recibido numerosos premios y reconocimientos internacionales y que ha trabajado en compañías prestigiosas como Disney y la MGM. Su primera película, Crystalstone, ganó siete premios internacionales como mejor película y mejor ópera prima.

- ¿Cuál es la principal línea argumental de 1531, la historia que aún no termina?
Antonio Peláez: Dios se preocupa por las necesidades de sus hijos y actúa con ojos de misericordia cuando la naturaleza no basta para resolver los problemas dramáticos de la existencia humana.

El milagro es siempre un acontecimiento ordenado, planeado y producido por Dios para ayudar al hombre a conseguir su destino eterno.

Ante aquellos problemas infranqueables que existían para la evangelización de América, el acontecimiento guadalupano fue una respuesta del amor de Dios frente a una necesidad dramática de antagonismo sin esperanza de solución entre dos pueblos que no se aceptaban ni comprendían, pero tenían puesta su mirada en Dios.

1531 busca comunicar el mensaje de esperanza y salvación que Dios deja, a través de su Madre la Virgen de Guadalupe, a todos sus hijos, un mensaje que dignifica al ser humano y lo invita a no tener miedo ante la muerte, el dolor o la enfermedad.

- ¿La teología del "acontecimiento guadalupano" es algo que se sigue desplegando en el tiempo?
Antonio Peláez: Buscamos contar simplemente algo que sucedió. Si la gente logra cuestionarse si todo eso realmente pasó, su vida ya no podrá seguir siendo igual.

Existen acontecimientos históricos, personajes y cosas que pasan y quedan únicamente en el pasado, como sería el descubrimiento de América o el caso del propio Hernán Cortés; ambos cambiaron la historia del mundo, pero no cambian nuestra propia historia.

Jesucristo y la Virgen de Guadalupe no sólo cambiaron la historia del mundo, sino que cambian la historia del hombre, nuestra propia historia.  
Su mensaje es un mensaje que te compromete, te cuestiona, porque habla de trascendencia y nos dice que nuestro futuro dependerá de lo que hagamos o dejemos de hacer.

Conocer el mensaje guadalupano nos dará la oportunidad de poder hacer nuestra propia experiencia de Dios, una experiencia en donde su propia Madre se ofrece para escribir junto a cada uno de nosotros nuestra propia historia, y por eso 1531 es una historia que aún no se termina de escribir.

- ¿Qué le dice hoy el acontecimiento guadalupano al espectador?
Antonio Peláez: Para conseguir que la gente pueda entender lo que uno quiere comunicar con 1531, no basta con decir las cosas: tenemos que ir más allá de la razón, es decir, no únicamente presentar los hechos desde un punto de vista científico que cuestionan nuestro intelecto mostrando cosas inexplicables, sino que tenemos que saber llegar al corazón.

-Manejan ustedes el concepto náhuatl de in ixtli in yólotl como cara-corazón, razón y corazón como parte esencial del acontecimiento guadalupano, ¿no es así? Antonio Peláez: Razón y corazón… duplicidad perfecta para trasmitir el mensaje guadalupano con profundidad y en toda su dimensión.

-¿No le parece que el milagro guadalupano está tanto en la tilma como en la maravillosa inculturación del Evangelio que se dio, a través del lienzo, en un México que recientemente había pasado por el trauma de la conquista armada de la gran Tenochtitlán por parte de los españoles?
Antonio Peláez: Cuando Dios se da cuenta que los hombres no lo entendían a través de su palabra, se hace uno de nosotros y se realiza la primera inculturación, es decir, Dios se hace hombre para que los hombres lo pudiéramos entender.

Una segunda inculturación, desde mi punto de vista, se produce cuando Jesucristo viene al mundo nuevamente a través de su Madre, pero en esta ocasión no lo hace en Belén, sino en México.

Este nuevo parte aguas en la historia de la salvación crea una segunda alianza que, al igual que la primera, no va dirigida únicamente a los israelitas o mexicanos, sino a toda la humanidad.

Sin embargo, la más cercana y más grande inculturación que hace Dios con el hombre es la que realiza de forma particular en la Eucaristía con cada uno de nosotros, dándonos la oportunidad de tener una experiencia íntima y personal con Él.

- ¿Cómo han resuelto los escollos técnicos, de guión y de actuación que plantea hacer un documental histórico y situado en la época?
Antonio Peláez: Pensamos que escuchar lo que realmente pasó en boca de los protagonistas del acontecimiento sería una forma directa y diferente de conocer esta historia.

El reto era lograr que los actores pudieran capturar la atención del espectador con su relato a lo largo de monólogos llenos de información que se fueran entretejiendo para lograr una sola historia, la historia de lo que realmente pasó, documentada en cada uno de los personajes históricos de la época y de los acontecimientos relatados en el Nican Mopohua.

  ¿Quién es su público meta?
Antonio Peláez: Ésa es realmente una pregunta difícil, ya que cuando uno piensa que Dios quiere dirigirse a todos sus hijos a través de su Madre, uno quisiera trasmitir ese mensaje a todo público, y es por eso que nosotros simplemente nos propusimos contar la historia haciendo todo lo que estuviera de nuestra parte y le hemos dejado esa parte a Dios nuestro Señor.

- La difusión del DVD de 1531 está planteada para hacer sinergia con otros movimientos católicos que quieran sumarse al proyecto: ¿cómo será esto?
Antonio Peláez: La difusión del DVD está abierta todo aquel que quiera ser parte del mensaje guadalupano.

No estamos buscando un éxito que se refleje en taquilla o en pesos y centavos; las ganancias que buscamos se cuantificarán en el número de almas que puedan ser tocadas por éste proyecto.

Al no ser panes ni cobijas lo que estamos ofreciendo, los frutos espirituales serán algo muy difícil de cuantificar.

Sabemos que existe frío en las almas, y cuando se tiene realmente frío la más pequeña braza que nos pueda dar calor, se atesorará entrañablemente.
 
El mundo tienen hambre y tiene frío, y lo que sucedió hace casi cinco siglos es un mensaje de consuelo y esperanza que nos une bajo una misma Iglesia y bajo el amparo y protección de una misma Madre que nos alienta y nos invita a no tener miedo y a poner nuestra confianza en Dios.

Conocemos que en muchos países del mundo existe una gran devoción a la Virgen de Guadalupe y nuestro objetivo es ayudar a unir todas esas voces en una sola voz.

- ¿Cómo van los proyectos cinematográficos de Cristeros y La Rosa Azul?
- Antonio Peláez: Cristeros y La Rosa Azul ahora mismo están en textos únicamente, son historias apasionantes que muestran que los valores humanos siempre van de la mano de los valores espirituales.  

Para que exista el segundo mandamiento que Jesucristo nos dejo de amar al prójimo como a uno mismo, siempre tendrá que existir antes el primero, es decir amar a Dios con todo nuestro corazón y con todas nuestras fuerzas. De otro modo, amar al prójimo, al que te ha ofendido, al enemigo,... se vuelve muy difícil.  

La Rosa Azul y Cristeros pienso serán libros antes de ser películas, pero dejemos las cosas en manos de Dios y de la Santísima Virgen de Guadalupe.

Por Jaime Septién

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